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"la ignorancia de Dios,proviene de la ignorancia de uno mismo".

jueves, 11 de junio de 2009

Nos hallamos en continua búsqueda.




Al contemplar el ajetreo constante en nuestras ciudades,el tráfico estrepitoso en nuestras calles,las personas se incorporan a sus puestos de trabajo,padres/madres acompañan a sus hijos al colegio a un ritmo veloz,me pregunto si son muchas las personas que tienen tiempo para pensar en Dios,cuántos son los que le invocan en la oración.Hay una frase del profeta Isaías que dice: "Nadie invoca tu nombre;nadie despierta para apoyarse en ti".
 El cristiano corriente,que apenas si tiene tiempo para acordarse de Dios y dirigirse a él mediante unas oraciones.Porque,¡son tantos los quehaceres de cada día! ¡es tanto el ruido en el cual nuestra vida se halla inmersa!.Y si que es verdad,por otra parte,que no hay que ir de prisa si queremos encontrar a Dios y que la oración con él tiene lugar en el silencio de la conciencia,pero eso sí: nuestra oración,por una parte,debe estar inserta en la trama de nuestra existencia diaria.Es decir,debe partir de nuestro quehacer cotidiano;con sus ilusiones y fracasos,con sus éxitos y contrariedades,con sus alegrías y penas.De lo contrario,la oración sería como una flor artificial,incapaz de germinar,florecer y fructificar.
Tendríamos que hacer una revisión a fondo de nuestra manera de pensar.Sabemos dónde encontrar los criterios verdaderamente crisitianos;pero no los acabamos de aprender.
La ignorancia significa,en realidad,la inacción del espiritu,que conduce a una degradación del ser humano.Entonces la vida carece de estímulo,porque la verdad queda reducida a la satisfacción de las exigencias más vulgares de ser. ¡Que son las menos humanas!