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"la ignorancia de Dios,proviene de la ignorancia de uno mismo".

miércoles, 23 de enero de 2008

La palabra de Dios en la Vida Consagrada.


Soy católica y además monja, y para más detalles "contemplativa", es decir, de las que "no salen a la calle", o salen lo mínimo para hacer las gestiones necesarias que cualquier ciudadano necesita hacer en la vida social. Mi perfil personal lo defino como el de una mujer que busca, lucha y trabaja para conseguir un ideal. El mío particularmente es el del Amor, pero amor con mayúscula, amor que todo lo da y todo lo recibe; un amor que centra y configura toda la existencia de mi vida. Un amor entregado a Dios, pues fue El quien me llamó a vivir una historia de enamoramiento y total dedicación.

Hace unos dias me puse en contacto con la Hermana Máriam (su blog en periodista digital)para que aceptara mi invitación en publicar un articulo para poder colgarlo, pues aquí lo tenemos.Gracias por aceptar mi invitación.

Que Dios le guarde por muchos años.

La palabra de Dios en la Vida Consagrada.


El próximo día 2 de febrero se celebra en la Iglesia la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, por este motivo todos los consagrado/as nos preparamos con distintas celebraciones y sobre todo con la oración, para nuevamente dar a conocer la validez de la Vida Consagrada en nuestros días. El lema escogido para este año es: “El Evangelio en el corazón” -la Palabra de Dios en la Vida Consagrada-.


Es importante en nuestra vida de consagración saber guardar la Palabra en el corazón, como hacía la Virgen María; pero para guardarla tenemos primero que escucharla: escucharla con atención, como si fuera la primera vez; quedarnos boquiabiertos con el mensaje que cada día nos transmite el Señor a través de su Palabra, en la Eucaristía, en el Oficio Divino, en la Lectio Divina. Hay tantas oportunidades de contactar con la Palabra, que el no hacerlo sería como negar la misma Vida Consagrada.


Nosotras, las monjas contemplativas, nos alimentamos especialmente de la lectura y escucha asidua de la Palabra de Dios. Es el alimento de nuestras almas. Al igual que alimentamos el cuerpo para seguir viviendo, sabemos que si nuestra alma no es alimentada con los “buenos manjares” de la Palabra, podemos padecer de “anemia” y esta anemia espiritual es grave y no es broma, porque nos puede llevar a una apatía de las “cosas del Espíritu”.
No es de extrañar que a veces se den casos de abandono de la vida consagrada, esto suele suceder por este motivo, por descuidar este factor tan importante en nuestra vida. Dios se nos manifiesta de muchas maneras: a través de las personas, de los acontecimientos, pero sobre todo se hace presente de manera especial y nos habla con su Palabra.


No es raro que personas que desconocen nuestra vida, nos pregunten: ¿no os cansáis de estar tantas horas metidas en la Capilla, rezando siempre lo mismo, y tantas horas de silencio? La respuesta siempre es la misma: los enamorados no se cansan de estar juntos; las monjas estamos enamoradas, por lo tanto no nos cansamos de estar con quien amamos y sabemos nos ama.
Nuestra larga jornada conventual comienza en la Capilla, y se ve interrumpida a lo largo del día por distintos momentos, los cuales son como un descanso para el alma. Allí, delante del Amado, nos despojamos de “nuestro yo”, nos descubrimos tal como somos y buscamos la calma y el sosiego que un día de trabajo acarrea, -también en los conventos-, porque actualmente las monjas somos pocas y las obligaciones muchas, y eso lleva a que al final de día digamos: ¡Señor, Tú eres nuestro descanso!
Quisiéramos que nuestra vida irradiara Luz, esa luz que alumbra a los hombres y mujeres que andan un poco despistados por esta vida; iluminar los oscuros caminos que no llevan a ningún lugar, y que aún así son transitados por cantidad de gente que no han encontrado el camino que lleva a la Vida.


Las monjas somos conscientes de lo desconocida que ha llegado a ser nuestra vida. Se habla poco en los hogares de las monjas, de la Vida Consagrada, de la Religión, y si se habla es para descalificar o aumentar algún escándalo que se ha dado aisladamente en “nuestras filas”.
Es verdad que también tenemos la certeza de que nuestra vida, la Vida Consagrada no va a desaparecer, por muy “feas” que estén las cosas, porque Dios es el que nos sostiene y su fuerza es poderosa; habrá más o menos cantidad de personas consagradas, habrá más o menos compromiso, pero el Espíritu sigue vivo y está aleteando callada y misteriosamente a nuestro alrededor.


Os invito a que hagáis un esfuerzo por conocer la Vida Consagrada, acercaos a los conventos y preguntad directamente a las monjas el por qué y el sentido de sus vidas, por qué se encierran entre cuatro paredes en un sinsetido “aparente. Preguntad a las religiosas que se dedican al apostolado activo, el por qué después de estudiar una carrera ofrecen sus vidas sin “provecho aparente” a ayudar a los demás, a gastarse y consumirse para que otros crezcan y conozcan al Dios de la Vida.


Hay muchas preguntas sin respuestas que la gente se hace pero no se atreven a plantear. ¡jóvenes! ¡chicas, chicos! No paséis de largo ante un convento y con respeto hacia las personas que lo habitan, informaros si vale la pena o no una vida entregada a Dios, una vida de enriquecimiento interior, y de búsqueda de la belleza y después con esa información de ”primera mano” juzgar, reflexionar, y optar. ¡Dios sigue llamando a su seguimiento!

Dominus vobiscum (Que el Señor esté contigo)